La maquina “Enigma”

“Enigma” era el nombre de una máquina de rotores que permitía usarla tanto para cifrar como para descifrar mensajes.

Fue patentada en 1918 por la empresa alemana Scherbius & Ritter.
En 1926, la Armada alemana la adopta para uso militar y poco después su uso se extendió a las demás fuerzas armadas alemanas, siendo su uso extendido antes de y durante la Segunda Guerra Mundial.

Su facilidad de manejo y supuesta inviolabilidad fueron las principales razones para su amplio uso.

¿Lo sabias?

Gracias a las investigaciones llevadas a cabo por los servicios de inteligencia polacos, quienes instruyeron a su vez a los servicios francesas e inglesas, el sistema de cifrado fue finalmente descubierto.

Berlin – Cuartel general de la Gestapo

Capítulo 1 – página 62

…—Desde la captura del U-110, ya no podemos hacer transmisiones fiables. Los británicos se hicieron con la descifradora Enigma, junto con sus códigos y el manual de operaciones…

La máquina:

La máquina “Enigma” usaba una combinación de partes mecánicas y eléctricas. El mecanismo estaba constituido fundamentalmente por un teclado similar al de las máquinas de escribir cuyas teclas eran interruptores eléctricos, un engranaje mecánico y un panel de luces con las letras del alfabeto. La parte eléctrica consistía en una batería que encendía una lámpara de una serie de ellas, que representan cada una de las diferentes letras del alfabeto.

El corazón de la máquina Enigma era mecánico y constaba de varios rotores conectados entre sí. Cada rotor es un disco circular plano con 26 contactos eléctricos en cada cara, uno por cada letra del alfabeto. Cada contacto de una cara está conectado o cableado a un contacto diferente de la cara contraria.

Por ejemplo, en un rotor en particular, el contacto número 1 de una cara puede estar conectado con el contacto número 14 en la otra cara y el contacto número 5 de una cara con el número 22 de la otra. Cada uno de los cinco rotores proporcionados con la máquina Enigma estaba cableado de una forma diferente y los rotores utilizados por el ejército alemán poseían un cableado distinto al de los modelos comerciales.

La Enigma fue muy segura. Tanto que los alemanes se confiaron mucho en ella. El tráfico cifrado con Enigma incluyó de todo, desde mensajes de alto nivel sobre las tácticas y planes, a trivialidades como informes del tiempo e incluso las felicitaciones de cumpleaños.

Funcionamiento:

Al principio de cada mes, se daba a los operadores de la Enigma un nuevo libro que contenía las configuraciones iniciales para la máquina. Por ejemplo, en un día particular las configuraciones podrían ser poner el rotor n.° 1 en la hendidura 7, el n.° 2 en la 4 y el n.° 3 en la 6. Están entonces rotados, para que la hendidura 1 esté en la letra X, la hendidura 2 en la letra J y la hendidura 3 en la A. Como los rotores podían permutarse en la máquina, con tres rotores en tres hendiduras se obtienen otras 3 x 2 x 1 = 6 combinaciones para considerar, para dar un total de 105.456 posibles alfabetos.

Un operador en particular podría seleccionar ABC, y éstos se convierten en la configuración del ‘mensaje para esa sesión de cifrado’. Entonces teclearon la configuración del mensaje en la máquina que aún está con la configuración inicial. Los alemanes, creyendo que le otorgaban más seguridad al proceso, lo tecleaban dos veces, pero esto se desveló como una de las brechas de seguridad con la que “romper” el secreto de Enigma. Los resultados serían codificados para que la secuencia ABC tecleada dos veces podría convertirse en XHTLOA. El operador entonces gira los rotores a la configuración del mensaje, ABC. Entonces se teclea el resto del mensaje y lo envía por la radio.

 

En el extremo receptor, el funcionamiento se invierte. El operador pone la máquina en la configuración inicial e introduce las primeras seis letras del mensaje. Al hacer esto él verá ABCABC en la máquina. Entonces gira los rotores a ABC e introduce el resto del mensaje cifrado, descifrándolo. Este sistema era excelente porque el criptoánalis se basa en algún tipo de análisis de frecuencias. Aunque se enviaran muchos mensajes en cualquier día con seis letras a partir de la configuración inicial, se asumía que esas letras eran al azar. Mientras que un ataque en el propio cifrado era posible, en cada mensaje se usó un cifrado diferente, lo que hace que el análisis de frecuencia sea inútil en la práctica. 

Joan Clarke, la mujer que descifró el enigma alemán en la Segunda Guerra Mundial:

El ingenioso trabajo de la británica Joan Clarke (1917–1996) como criptoanalista durante la Segunda Guerra Mundial salvó incontables vidas. Su talento fue suficientemente formidable como para ganarse el respeto de algunas de las mentes más brillantes del siglo XX, a pesar del sexismo de aquel tiempo.

Pero aún así, la historia la ha tratado con menos consideración que a su colega en Bletchley Park, la Escuela de Códigos y Cifrado del gobierno de Reino Unido (GC&CS, por sus siglas en inglés), situado a 80 kilómetros de Londres.

Alan Turing, a diferencia de la desconocida Clarke, es recordado como un héroe. Sin embargo, la británica trabajó en el centro neurálgico para quebrar el tráfico de los mensajes enemigos, aquellos creados por los cifradores alemanes con una máquina llamada Enigma. Los mensajes cifrados de la marina eran mucho más difíciles de “romper” que el resto de los códigos alemanes. Estas comunicaciones a las que se dedicaban Clarke y sus colegas estaban a menudo relacionadas con los submarinos que perseguían a los barcos aliados encargados de transportar tropas y suministros desde Estados Unidos a Europa.

La tarea de Clarke era romper el cifrado de estos en tiempo real, uno de los quehaceres con más presión de Bletchley. Los mensajes que ella decodificaba resultaban casi inmediatamente en alguna acción militar, y como consecuencia, los submarinos solían ser hundidos o obligados a circunnavegar, salvando así miles de vidas.

A pesar de que en 1947 recibió la Orden del Imperio Británico, una condecoración otorgada por la reina, por su trabajo durante la Segunda Guerra Mundial, no se conoce la verdadera dimensión de los logros de Clarke. Pero la estima que le tuvieron sus colegas y el hecho de que “su igualdad para con los hombres nunca se pusiera en cuestión, incluso en aquellos días oscuros”, como escribe Michael Smith, son un homenaje a sus notables habilidades.

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