Tarraco (Tarragona)
La capital imperial de la Hispania Citerior
Ubicada frente al Mediterráneo Tarraco fue una de las ciudades más importantes de la Hispania romana. Elevada al rango de capital de la provincia Citerior —es decir, “la Hispania más cercana” a Roma—, Tarraco se convirtió en símbolo de romanidad y proyección imperial en la Península Ibérica.
La ciudad comenzó como campamento militar durante las guerras contra los cartagineses pero fue en tiempos de Cayo Julio César Augusto, primer emperador de Roma e hijo adoptivo de Julio César, cuando se transformó en un auténtico centro político y monumental. El emperador residió allí varios meses entre los años 26 y 25 a.C. mientras se recuperaba de una enfermedad, y bajo su protección se iniciaron grandes obras públicas como el foro provincial, templos, acueductos y un impresionante circo.
Con la reforma administrativa de Augusto la Hispania Citerior pasó a llamarse provincia Tarraconense, tomando precisamente su nombre de Tarraco. La ciudad se caracterizó por su urbanismo ordenado sus infraestructuras modernas y su capacidad para integrar influencias locales en el marco romano.
Durante el gobierno de la dinastía Flavia —especialmente bajo Vespasiano y su hijo Tito—, Tarraco vivió un nuevo impulso institucional. Vespasiano otorgó a muchas ciudades hispanas el derecho latino (ius latii), lo que permitió su integración jurídica y económica plena en el sistema imperial. Tarraco como capital de provincia consolidó su estatus privilegiado y atrajo aún más inversiones públicas, especialmente en obras hidráulicas y espacios cívicos.
Fue también en este periodo cuando el culto imperial adquirió mayor visibilidad en el foro superior, consolidando la imagen de Tarraco como vitrina de la fidelidad provincial al emperador.
Hoy Tarraco conserva algunos de los vestigios romanos mejor preservados de la Península. El anfiteatro junto al mar, el circo, las murallas y el acueducto de Les Ferreres (conocido como el “Puente del Diablo”), son testigos visibles de su antigua grandeza. En el año 2000 su conjunto arqueológico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La travesía
Capítulo 21
…—Aquí no vais a encontrar nada que valga la pena. Para conseguir género de calidad, tendréis que desplazaros igualmente hasta Tarraco…
¿Sabías que…?
🔹El foro provincial de Tarraco tenía una superficie de más de 18.000 m² y estaba dividido en dos niveles: el de representación y el de culto imperial.
🔹Augusto ordenó erigir un templo dedicado a Roma y al propio emperador en lo alto de la ciudad, sobre el que siglos más tarde se construiría la catedral.
🔹El acueducto de Les Ferreres recibe aún hoy el sobrenombre de “Puente del Diablo” por una leyenda medieval que afirmaba que fue construido en una sola noche por Lucifer.
🔹 Tarraco fue visitada por Adriano y por Trajano, y se convirtió en modelo para la organización urbana de otras ciudades de Hispania.
🔹 En el siglo III, con el cristianismo ya extendido, la ciudad fue sede de mártires como san Fructuoso, quemado vivo en el anfiteatro, donde hoy se alza una cruz en su memoria.
🔹 Tarraco fue una de las pocas ciudades fuera de Italia donde se acuñaron monedas con el rostro del emperador Augusto en vida, como símbolo de su estancia y del favor imperial.
¿Cómo pasó de llamarse Tarraco a Tarragona?
El nombre romano Tarraco evolucionó de forma gradual con el paso de los siglos, a medida que el latín vulgar se transformaba en las lenguas romances. El cambio no fue brusco, sino resultado de una adaptación fonética natural entre los siglos V y XI:
- Tras la caída del Imperio romano, Tarraco siguió habitada durante el periodo visigodo y conservó cierto protagonismo eclesiástico.
- Durante el dominio musulmán (siglo VIII), la ciudad perdió importancia y fue parcialmente abandonada.
- Con la reconquista franca a finales del siglo XI, se repobló bajo control catalán, y el nombre ya circulaba como Tarracona o Tarragona, formas documentadas en textos medievales.
- El sufijo «-ona» es típico de la evolución catalana del latín (Barcino → Barcelona, Gerunda → Girona, Tarraco → Tarragona).
En resumen: Tarraco evolucionó naturalmente hacia Tarragona al integrarse en la fonética catalana medieval y reflejando una continuidad cultural profunda.